Friday, April 21, 2006

Amor al Arte

Hoy es un día muy feliz. Y no es que reste importancia a otros momentos de mi vida de periodista o de comunicador, es solo que esta persona que ahora les presento, colma mis expectativas y hace que crezcan la admiración y el respeto hacia quienes, como ella, profesan un profundo amor por el Arte.
Y escribo Arte con mayúscula, con toda intención, al margen de gratificaciones u otras concesiones que poco o nada tienen que ver con la virtud y el talento de los que ha dado muestras, por más de siete décadas, Coralia Mantilla Mayer, la voz del canto afro-cubano en el Balcón del Oriente y distinguida profesora de piano, teoría y solfeo.
-¡Cuántos honores! - dice, mientras la veo sonreír con esa gracia suya, que cultiva y atrae.
- Merecidos los tiene, - me apresuro a responder.
- Nunca he sido propensa a los halagos –asevera- pero no he de negarte lo estimulante que resulta para uno que aplaudan lo que hace, aun cuando estemos inconformes con el camino recorrido o creamos que pudimos ser mejores, con un poquito más de esfuerzo.
- Su vida está llena de anécdotas…
- Unas muy lindas y otras no tanto. Nací el 15 de abril de 1926, en el número 140 de la calle Francisco Vega y cinco años después perdí a mi madre, algo que tanto a mis cuatro hermanos, como a mí, nos afectó mucho; por fortuna mi abuela y mi tía nos acogieron y educaron con esmerado amor.
- Mi niñez transcurrió rodeada siempre del cariño de mis familiares y vecinos, lo que unido al hecho de que en la casa de los Zayas había un radio y una vitrola, me hacía muy feliz, pues podía aprenderme las canciones, boleros, tangos de mi preferencia.
- Por esos días de kindergarten cantábamos acompañados al piano por la maestra; luego lo seguimos haciendo en la escuela pública donde tuve excelentes educadoras: Blandina, Celsa Bello, Pura Ferrer, e Isabel Pérez de Delgado, madre esta última de ese excelente pianista y compositor tunero Pepe Delgado.
-¿Conoció de cerca al Maestro Pepe Delgado?
- Imagínate que empecé a cantar en el teatro Martí a los diez años y él me acompañó
muchas veces y desde entonces sentí una profunda admiración por él. También compartí con otros muchos valores de la cancionística: Gudelina Reyes Simson, Neyda Barrero, Nelsa Elina Báez y su hermano Ramiro, Elio Campo y Bertica Maestre, además de Alfonso Silvestre, todos actuábamos en las veladas en las que también nos acompañaba Teófilo Parra, excelente guitarrista, quien junto a su hermano, nos ayudó mucho.
- -¿Qué más recuerda de sus inicios?
- Imagínate que siendo apenas una adolescente me enviaron a hacer unos encargos y para sorpresa mía habían instalado unos micrófonos y unas bocinas en el parque Vicente García; pregunté y alguien me respondió que se trataba de un concurso, una especie de “corte suprema del arte”, al estilo de la que se hacía en La Habana. Sin pensarlo dos veces, me presenté y gané el primer premio con el vals Florecita del Camino. Y desde entonces no he dejado de hacer arte, pero siempre por amor.
“Después la familia Zayas, a quien agradezco mucho, se trasladó para La Habana y me inscribió en el concurso de la Corte Suprema del Arte, de la emisora CMQ; me avisaron y allá me fui. Recuerdo que llegué un día antes de mi presentación. ¿Qué vas a cantar?, me preguntó Orlando de la Rosa, compositor y director de la orquesta de la CMQ. Y yo le respondí: el afrocubano Chivo que rompe tambó…
- Empieza
- Y canté: Yo jabla con ña Francisca…
- Suficiente. Hizo unos apuntes en una agenda, y eso fue todo.
- ¿Y al día siguiente?
- El teatro de la radio estaba lleno. La orquesta, vestida con sus mejores galas, inició los acordes pertinentes, y yo empecé: Yo jabla con ña Francisca… al final, un gran aplauso. Y luego la voz de ese grande de la locución cubana, Germán Pinelli, anunciando el premio; mi premio; el primer lugar.
- ¿Y después?
- El propio Pinelli me dijo que debía quedarme en La Habana, pues dadas mis posibilidades tenía muchas probabilidades de triunfar, pero yo preferí retornar a mi terruño natal.
- Y a su retorno ¿qué la esperaba en Las Tunas?
- En realidad, nada en particular, pero al poco tiempo empecé a estudiar música con la profesora Betty Bausel, quien conociendo mis limitaciones económicas, se brindó para darme las clases voluntariamente, al tiempo que, luego de limpiarle la casa a mi suegra Rosa Zayas, tenía la posibilidad de practicar en su piano todo el tiempo que deseaba, y seguir superándome culturalmente.
Inquieta por naturaleza, Coralia no descansa: en 1945 se presenta en un concurso musical en el teatro Capitolio, donde está ahora La Holguinera e interpreta el afro Tierra que va temblá y en verdad tembló, pero de los aplausos que le prodigó el público.
- Fue algo apoteósico –rememora- tanto que me hizo cambiar mi línea como cantante, pues a partir de entonces me dediqué por completo a la música afro-cubana: Oguere, Hueso duro, Drumi negrita, La culebra, Chivo que rompe tambó y muchas otras por las que he recibido no pocos aplausos.
Los recuerdos fluyen con facilidad, por lo que cada pregunta encuentra fácil respuesta en labios de esta Señora del Arte que a pesar de sus 80 años cumplidos en días recientes, conserva sus facultades físicas y psíquicas en perfecto estado, pero lo que más llama la atención es esa sonrisa suya, perenne, tan distinguida como ella misma, y delicada como verso en flor.
¿Qué sería la vida si renunciáramos a la sonrisa; a prodigar y recibir cariño, a aplaudir y a reconocer en los demás las virtudes y defectos? ¡Nada, o poco menos que nada! Quizás por eso Coralia Mantilla tiene motivos para sentirse dichosa: dada a hacer, quien ha buscado apoyo en ella, lo ha encontrado y quién buscó luz, encontró su música para iluminarle el camino.
- En realidad me inicié como profesora en 1951, en la propia academia de Betty Bausell, quien me pidió que ejerciera como tal dados los conocimientos adquiridos en teoría, solfeo y piano, durante cuatro años de intensos estudios, aún así, seguí superándome, pero no pude terminar el último curso, pues por los días que debía examinar nació mi hijo Alfonso González Mantilla (Guarapito), músico profesional por estos tiempos y mi alumno desde los siete años de edad: fui yo quien le enseñó el do re mi fa sol, entre otras cosas.
- Trabajé durante 13 años con Betty, en su academia, pues ella compró otro piano para que yo pudiera ejercer y así lo hice; luego comencé a impartir clases en mi propia casa, donde todavía ejerzo, pues me siento útil todavía.
- Cinco décadas y media de docencia ¿qué significan para usted?
- La vida misma. ¿Te imaginas a cuántos niños y jóvenes he enseñado durante estos 55 años? Una cosa si puedo decirte: muchos de mis alumnos solo estudiaban música para obtener una formación integral; otros, hijos de familias pudientes, lo hacían solo por pura vanidad, una buena parte, por vocación…, de muchos me siento orgullosa.
- ¿Puede mencionar algunos?
- No quisiera parecer injusta. He tenido tantos alumnos que de muchos no recuerdo ni sus nombres, pero me siento feliz de haber sido profesora de Cristino Márquez, a quien le impartí clases tres años y luego continuó estudios en La Habana y en Santiago de Cuba: un gran alumno; todo un virtuoso de la música.
- Puedo hablarte de Ángel Hechavarría y de Guillermo Homilla, y de muchos otros, muy talentosos todos, quienes me hacían sentir muy orgullosa cada vez que los presentaba a un examen, tras el cual siempre recibía elogios por la formación que les había dado; la mejor recompensa que un educador puede recibir.
- ¿Otros estímulos?
- Tuve el honor de cantar durante diez años con Alma Cándida Rodríguez en el coro municipal y en el 2001 participé en el del destacado sonero cubano Pío Leyva, en ocasión de filmarse la película La música en Cuba, por parte de una compañía cinematográfica Holandesa-Alemana, todo lo cual ha significado mucho para mí.
- He recibido infinidad de reconocimientos por mi abnegada labor al servicio de la Cultura, pues siempre he estado dispuesta a dar lo mejor de mí a favor de la sociedad y del desarrollo de una cultura general integral.
- ¿La familia?
- De Alfonso ya te hablé; añadir que durante unos 15 años tocó en la orquesta Miramar y con Los Surik y luego con el grupo del extinto Pío Leyva; es pianista y lleva la música por dentro; en el corazón, como a sus hijas, mis nietas (mellizas) a quienes impartí las primeras clases de teoría, solfeo y piano; ambas continuaron estudios y han ganado varios concursos: Susana es Título de Oro en Contabilidad y Finanzas, su especialidad profesional y Susel obtuvo igual mérito en Educación Musical.
- Caridad, mi hija, no desconoce el pentagrama, pero prefirió las ciencias veterinarias; graduada como médico, ejerce su profesión con mucho cariño.
-¿Aspiraciones?
- Cumplidos los 80 años me encuentro en óptimas condiciones para seguir haciendo arte e impartiendo docencia. Si me necesitan, aquí estoy, siempre dispuesta.
Y siempre virtuosa; por eso este homenaje de la cultura tunera, de sus alumnos, mío, del pueblo todo, que no es poco, ni todo lo que usted merece, por sus 55 años de quehacer artístico y sus 80 de vida, en los que ha demostrado un profundo amor por el Arte.