Friday, April 13, 2007

Entre luminarias y palmáceas



Un proyecto donde se integran la obra y el espacio arquitectónico en complicidad con un mismo concepto de ritmo y movimiento, en clara alegoría a la música jazz, recién se ha hecho realidad: ha nacido la plaza-parque Emiliano Salvador, un lugar para el esparcimiento y la contemplación.
Sus creadores Ángel Alberto Álvarez Carralero y Jhosvany Massó Labrada, integrantes del proyecto FACTUM logran una adecuada coherencia formal y cromática entre su obra y el entorno, de modo que las escalinatas dejen de ser meros elementos arquitectónicos para imbricarse a la escultura que parece asumir a toda el área como su plataforma.
La escultura, realizada con la técnica de ferrocemento, con una dimensión de dos metros y medio de alto, seis de largo y cuatro de ancho, semeja la fusión de un piano de cola con el músico Emiliano Salvador, el cual emerge de las teclas del instrumento evocando la relación del artista con el jazz, forma musical de una carga interpretativa muy fuerte.
El piano es una recreación artística donde se manifiestan sus atributos fundamentales y se concede alto nivel protagónico a las teclas, de modo que la música se convierte en un elemento más de la forma, en tanto el tratamiento superficial se subordina a la aplicación de una tricromía integrada por los colores negro, blanco y dorado: blanco y negro, para el piano y dorado, para ese gran músico, hijo ilustre de Puerto Padre.
En el diseño general del espacio público todo es movimiento; se aprovechan las diferencias de nivel del terreno para enfatizar la idea del dinamismo. Se accede al área por una escalinata de cinco peldaños que se abre hacia la avenida Libertad, la cual da acceso a dos más que recuerdan, por su concepción, el teclado de un piano. Todo el espacio cuenta con 19 luminarias de pedestal negro con cobertura esférica de plástico blanco, en evocación al día de nacimiento de Emiliano; ocho palmáceas, por haber sido en agosto y 41 bancos en alusión a los años que vivió.
Forman parte del conjunto dos grandes pérgolas curvas: la primera, un arco cóncavo hacia Emiliano, con una altura de tres metros; la segunda, cubre con su sombra un paso peatonal y un área de estar con forma circular, lugar muy ameno para el disfrute y la conversación.